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Solo en la habitación
Hay un momento de Hijos del fin del mundo al que vuelvo a menudo. Una habitación de hotel en Fort Lauderdale. Becky y Danny se reparan para ir a la convención de los Testigos, cada uno en su lado del cuarto, en silencio. Noemí Redondo propuso rodarlo con una sola cámara y me quedé solo con ellos. La intención era desaparecer lo más posible. Nunca se desaparece del todo, porque quien observa siempre altera lo que observa, pero esa presencia se puede reducir hasta casi no pesar.
Pienso que buena parte del oficio de director de fotografía consiste en distinguir lo que se puede controlar de lo que no. En una película o en publicidad, con tiempo y medios, se controla casi todo: la hora, el lugar, la luz, incluso el color que viste el último figurante. En un documental partes de una idea de hacia dónde vas y la sostienes como puedes, mientras la historia se escribe delante de ti.
La serie tiene tres capítulos y la dirigen Blanca Torres y Noemí Redondo. Sigue a Becky y a Danny y reúne testimonios de personas que salieron de los Testigos de Jehová. Rodamos unos dos meses entre España y Estados Unidos: entrevistas en plató, casas, calles, convenciones y una boda. En Estados Unidos el servicio de producción lo hizo Burrito Films, de modo que muchas decisiones de imagen nacían a la vez que las de logística.
Con Noemí compartí la mayor parte del rodaje y Blanca estuvo en varias entrevistas en Madrid. El director de fotografía necesita apoyarse en sus directoras y conocer la historia por dentro, saber qué tiene que contar cada plano. Una imagen no tiene que ser bonita por sí misma. Tiene que tener un propósito.